domingo, 13 de febrero de 2011

Crónicas del Club IV: Locos Libres, Locos Libros, Locos Libros Libres

Como anunciamos, nos esparaba la madriguera y el país de las maravillas y el lunes 31 de enero quedamos para comentar nuestras aventuras y tomar el té en la mesa de la liebre de marzo (aunque misteriosamente allí sólo había caramelos, y los había sabor café pero no sabor té). Y para qué os vamos a engañar, allí cotilleamos un poquito sobre Alicia y sus cambios tan raros de tamaño (¿será asunto de hormonas ilegales?), la Duquesa y sus ajetreos con el niño cerdo (¿cuál de los dos está peor?), Pepito el saltachimeneas y el conejo blanco que nunca sabe adonde va. ¡Cuánto disparate!

Nos lo decidimos tomar un poco más en serio, así que tomamos el asunto Carrolliano con un poquito más de enjundia (la suficiente para hacernos luego un potaje de enjundías con garbanzos). Hablamos de Alice Liddell, de aquella tarde de verano en el lago en la que se gestó el cuento y pudimos ver recortes de fotos sobre Alice que nos trajeron Ra y Berta. Tomando la cuestión con toda la moderación posible, hablamos del supuesto enamoramiento de Carroll por Alice del que hablan algunos autores que lo acusan de una supuesta pederastia. ¿No serán los ojos mediatizados del que mira el caso a posteriori? nos preguntamos. Esto nos llevó a un pequeño debate sobre los niños y los adultos y la vida vecinal antes tan común frente a la desconfianza que existe hoy en día.

Así pasamos la tarde. Al final Ra escribió papeletas en animales (o al revés no me acuerdo), hizo un sorteo y nos pidió que inventáramos una historia sobre un encuentro entre ese animal y Alicia. Así que este lunes, más aventuras en el país de las maravillas con Carroll y con los locos libres... digoooo... lectores libres.

Por cierto, ¿alguien más ha visto por las noches en el cielo la sonrisa del gato de Cheshire?

1 comentario:

Pedro dijo...

Síiiiiii!!!, yo, yo, la he visto. Desde que la descubrí, cada tarde esperaba con impaciencia su aparición (o desaparición). Desde aquí aprovecho para agradecerle al gatito su visita durante esos días. Creo que ya ha dejado de vigilarnos desde las alturas.